miércoles 23 de julio de 2008

Ars Longa, Vita...Eterna

¿Alguna vez has sentido cosquillas en las manos? ¿una especie de picazón enviada por el cerebro que recorre los hombros, cruza los codos, galopa por las palmas y se deposita en las yemas de los dedos?

Así se siente cuando quieres ser dios de tu propio mundo.

Crear, reinventar.

Pero para hacerlo tienes que destruir, la naturaleza del ave fenix así lo manifiesta.
Mover cubos de cristales opacos que guardan secretos y sobresaltos, aquí y allá, todo se concentra en una sola habitación llamada mente.
Mi habitación desordenada condena al sentido común a la confusión y a la ignorancia, alguna vez abro las ventanas para dejar entrar la luz de Spica o la Luz de Luna.

Spica el sol, Luna soy yo.

Qué afan de buscar una justificación al ser, necesitamos identificarnos en algo, adjudicarnos noblezas y títulos que no poseemos más que en un rango material, porque lo más importante es el alma.

Necesitamos adorno, una etiqueta que poner en el gafete cuando interactuamos con la masa humana, para que sepan qué especie estan tratando, qué organismo les habla cuando se discuten trivialidades a la hora del café mientras archivas organizas ó descartas papeles.

Cito a René Descartes en sus meditaciones metafísicas:

Me he convencido de que no hay nada en el mundo, ni cielo, ni tierra, ni mente, ni cuerpo. ¿Implica ello que yo tampoco exista? No: si hay algo de lo que esté realmente convencido es de mi propia existencia. Pero hay un engañador de poder y astucia supremos que me está confundiendo deliberada y constantemente. En ese caso, y aunque el engañador me confunda, sin duda, yo también debo existir... la proposición "yo soy", "yo existo", es necesariamente cierta para que yo la exprese o algo confunda mi mente.

El creador quiere crear, y esa ansia obedece al durmiente que flota en el acuoso vientre del discernimiento y la razón. Arte, que palabra tan mal utilizada en nuestros días, donde un trozo de mierda sobre una foto de una celebridad es considerado como tal. Contextos hay muchos así como puntos de vista y la constante es la benevolente subjetividad.

Yo puedo presentar aqui los objetos creados por mi mente y plasmados en lapiz, en tinta, en letra y figura, exponerlos cual si fuese un Michael Angelo, una Remedios Varo o Delmira Agustini, para que mis jueces dirigan el destino de mis obras, al olvido o al reconocimiento público.

pero, ¿es eso lo que quiere el creador? ¿reconocimiento o simplemente exponerse, abrirse en pequeñas insinuaciones, dando claroscuros de su verdadero yo a travez de una imagen, de un poema?

Considerarme una artista me deja ver como una auto aduladora de mis propias vanidades, mis deseos y pesadillas que alimentan lo que escribo, lo que dibujo y lo que pienso. Pero, por otro lado, si quiero sentirme un artista ¿puedo? recordemos que somos dioses de nuestro mundo personal, lo que existe en nuestras vidas, felicidades, carencias, evoluciones e involuciones obedecen a nuestra voluntad, y aquí cito a Edgar Allan Poe, de Ligeia:

Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.

Ser dios, ser demonio, ser luz, ser oscuridad, ser dual.

Y el ansia hormiguea, desde el cerebro, porque lo que llevo dentro en un enorme lienzo quiero plasmar.

lo que lleva el alma en papel se quiere derramar.

Siendo el alma el manantial, es vida y asi como el arte es larga, nosotros somos eternos.

Si mis comentarios vertidos aquí amable lector no son de su agrado o carecen de lógica, disculpe usted, porque aqui soy dios, y usted ha aterrizado en mi creación y como regidor de este lugar, solo puedo hablar de leyes, conceptos y creencias que son válidos en mi mundo...

Buenas tardes Espiga.