miércoles 10 de septiembre de 2008

Doringheim‏

Era tarde ya, mientras atizaba el fuego mi mente se perdìa en las ondulantes llamas que chispeaban entre los leños secos que recogì en el sendero cuando regresaba de buscar flores göbl para hacer el ünguento que vendo los martes de mercaderes en el puente bajo de piedra.

pensaba en todo aquello que habìa dejado del otro lado del mar de bierhog, cuando sin màs tomè mi sombrero de fieltro, mi gabàn de lana y mis pocas pertenencias para decir adios a la vida que me daba una seguridad tan espantosa que me hacia temblar angustiosamente de forma monotona, como los pabilos incendiados de las velas del salòn principal, donde el hogar apuraba el aroma del cocido de cordero y patatas que cocinaba mi hermana Eledia.

Sentia que no podìa màs entre el tic-tac del reloj cu-cù, la paz del campo abierto, la consecuencia de saberme salvo de toda penuria, que avivaba mi deseo de huir, de escapar para encontrarme en otro tiempo y lugar.

Mi mente aun tiene ese aroma en la memoria, como las sabanas de lino rùstico perfumadas con las florecillas silvestres del jardìn, la voz de Eledia gritàndome que el lechero traìa queso de cabra, cuando Conia me decìa que la miel era buena para el corazòn.

Mi mente, ah que mente, tiene presentes todos y cada uno de los momentos que he vivido, puedo oir crujir la tostada de pan de centeno entre mis dientes, la miel escurriendome entre las comisuras de los labios y Eledia espantando las moscas del medio dìa que insistentes buscaban hacerse un bocado de las migajas que dejabamos caer al suelo de piedra pulida, donde las gallinas se festejaban el paladar con las particulas de queso y pan.

Pienso esto, mientras mis ojos siguen fijos en el calor de la chimenea, mientras hierve el cafè y aromatiza la pequeña habitaciòn.

Ahora este es mi hogar.

"No..."

Un no que me llega por detràs de las orejas, un susurrante no que se pasea como brisa suave en mi cuello.

me recuerda al No ahogado de mis hermanas Conia y Eledia cuando decidì abandonar el seno familiar, el cuidado y devociòn de mi sangre, para abrirme camino en el incierto e inquietante camino que aùn no existìa pero que me prometìa grandes experiencias y muchas mejores sensaciones que permanecer sentado en la silla de la buena vida. Necesitaba crecer como las enredaderas de la pared trasera del patio, esparcirme, expanderme, ser yo.

Ser yo.

"Ya eras tu."

De nuevo ese susurro, me hace lenvantarme de la silla, miro hacia todos lados pero no logro ver figura humana o entidad que me informe de mi acompañante anònimo.

Tomo el bastòn que esta en la esquina junto a la alacena, en las esquinas de las paredes la penumbra crece, afuera el sol se pone, desciende y junto con èl la temperatura. Prontò soplara el viento del Norte.
Que salga aquel ser incognito, que me diga el mensaje y que luego parta con las animas que revolotean afuera, en esta vispera de Samhain.

-No necesitas ese bastòn, no soy tan alto, ni tan fuerte, ni tan peligroso.-Aseverò la voz.

-¡¿Quien dijo eso?. Repliquè en tono imperativo.

Como todo ser mortal, temeroso de lo que no conoces empuñas la furia como si esta fuera a salvarte de la suerte de ser espantado por cualquier ente.

Bajè el bastòn, pero el frìo recorriò mi espina dorsal, los cabellos de la nuca se me habìan erizado, entonces ya el sol se habìa escondido tras las montañas de Freya-Durh y la oscuridad se veìa salpicada de pequeños resplandores de luz rojiza-amarillenta, mis ojos poco a poco acostumbràndose a la noche de mi habitaciòn, notaron a un pequeño hombrecito sentado en el quisio de la puerta.

Sus ojillos resplandecìan igual que las lenguas de fuego de la chimenea, hizo un saludo con la cabeza y simplemente dijo.

-Doringheim señor Gotren.-

¡¿Còmo sabe mi nombre? dije con la poca voz que salìa de mi garganta ahogada por el miedo.

Entonces se acercò a donde pudiese verle, se quitò el minusculo sombrero y se sacudiò las rodillas, frotò sus zapatos, uno a la vez con la pierna contigua, sacando brillo a las pequeñas hebillas de plata y sacò una pequeña pipa.

-¿Gustas Gotren?- aproximàndome un envase de tabaco que sacò de uno de sus bolsillos.

-Tu como ser humano que eres Gotren, eres màs pequeño que yo mismo, mirate conmiserado, ensimismado en tu sopor nostàlgico, recordando lo que ya pasò, solitario como la zorra del bosque, solo sales para cazar y comer, eres un mercader de unguentos milagrosos, eres un catador de sueños que por las noches regresa a embriagarse las penas que alimenta con recuerdos de olvido.

Le mirè con ira, despuès con miedo y al final sentì que romperìa a llorar, el clima enrarecido me dio el valor de conversar con mi interlocutor.

-Doringheim ¿asì se llama señor?, preguntè mientras el pequeño movìa la cabeza con afirmaciòn y se llenaba la pipa con màs tabaco.

proseguì -Doringheim mi vida pudiese ser lo que quise o simplemente me encuentro abrumado por lo que enfrento, pero soy fuerte, soy libre.

-¿De verdad crees eso Gotren? mirate, lloriqueando mientras no te ven los viandantes, sufriendo la desventura del solitario, puedes amar lo que se te venga en gana, puedes ser el mejor curandero, puedes volver a donde tus hermanas y contarles que ha sido de ti, pero no lo haces porque te domina el miedo, miedo a fracazar, miedo a no cubrir las espectativas que solo tu conoces, porque quienes te aman no necesitan de medidas de grandeza para creer en ti.

-¿por què en esta noche? señor has venido a decirme lo que de sobrada cuenta sè. màs te equivocas en algo, no soy todo eso que dice, siempre he sido màs, siempre he sido yo.

-Siempre has sido tu, pero en una versiòn empequeñecida por las espectativas que falsamente se te presentan como espejos de brillantes colores, a veces nos equivocamos, a veces creemos comemos al mundo sin siquiera haber probado su verdadero sabor y textura, dile al ego tuyo que no necesitas de sus artificios de feria, que la felicidad se encuentra màs cerca de la tierra que pisas, que en lo alto de una catedral o de una isla imaginaria en los cielos altos de Lurkan.

-Pequeño Gotren, yo podrìa llevarte de vuelta a casa, pero no puedo si tu no crees que realmente necesitas del amor de esas pobres hermanas tuyas, que màs que esperar verte como gran señor, o recibir de parte tuya las apologìas por el descorazonamiento en el cual las has dejado, esperan al hermano que aman y que desde siempre guardan en sus rezos, en sus lagrimas, pero piensa despuès de esto que te digo, al final del dia ¿què es lo que vale realmente la pena?-

Yo-digo titubeante- Yo me sorprendo que usted siendo un angel de la naturaleza, con su gran sabidurìa venga a razonar con un cabeza dura como yo, que no piensa màs que en prestigio, en riqueza, mientras mi corazòn reclama mis raices, reclama la calidez que me hartaba, a lo que estaba acostumbrado.

Señor-Prosigo- ¿Es que ya es hora? precisamente en este momento de desesperanza interna, usted viene y me habla como si la historia de mi vida estuviese a punto de finalizar, ¿es que ya es momento de volver con los ancestros? ¿cerrar los ojos, abandonar el cuerpo a la carnicerìa de gusanos y podredumbre?

-No Gotren, no soy el angel de la muerte, ni si quiera soy un angel, pero yo como espiritu de la naturaleza en mi estado atemporal miro a la humanidad y siempre veo sufrimiento inecesario, incluso cuando ya se ha aprendido la lecciòn, aùn se sufre, por todo aquello que no volverà, por lo que dejamos ir o por lo que abandonamos, yo te digo que mires con ojos de niño la vida que te rodea, mira como si fuese la primera vez que conoces a la roja manzana, al calido vapor del caldero, la aspereza de las telas que calidamente te cobijan por las noches, siente el viento que peina los campos de trigo, ondeate como las espigas doradas, y deja que tu esencia flote con la corriente que seguramente llevara tu mensaje a muchos otros que necesitan escuchar lo que no pueden porque viven prisioneros de si mismos-

-Casa es donde tu corazòn esta, hogar va contigo a todas partes, no huyas que la experiencia y el aprendizaje en la vida no implican vivir en soledad dolorosa, que los golpes no llevan màs sangre y lagrimas que las que nosotros les ponemos, intentar huir de ti mismo, es como querer huir del aire que esta en todas partes, y el caer al vacio es una mera metafora, es una dramatizaciòn del sentimiento de abandono al que nosotros mismos nos condenamos.-

-Señor, usted me ha honrado con tan acertados consejos, pero me siento confundido en esta visita suya, disculpe mi arrogancia al haberle permitido aconsejarme en vez de ofrecerle una pinta de vino, que en su caso y por su tamaño serìa un dedal, venga y sientese junto al hogar-

Me aproximo al sabio Doringheim, pero noto que de su presencia no hay vestigio, solo huele a tabaco y en la chimenea el fuego se muere, afuera el viento sopla y se filtra por las rendijas, haciendo pequeños silbidos, yo me enjugo las lagrimas con el pañuelo y tomo mi bastòn, mi abrigo, me envuelvo con la bufanda de lana y salgo en esta noche donde vivos y muertos bailan al ritmo de las guitarras y los cascabeles en la plaza baja, mientras yo avanzo con paso firme hacia el puerto, esperando poder zarpar al amanecer en el dragòn negro, el barco màs grande del pueblo, voy pensando en ese mensaje no solicitado de Doringheim, pero que ha sido suficiente para hacer que mis pies caminen y me lleven de regreso a casa, de regreso a mi mismo.

Buenas noches espiga.